Hace ya unos años me sucedió algo que primero me causo nervios y después gracia. Vivía con mi esposa en el barrio “La Blanqueada”. Había en ese lugar varios bloques de apartamentos con una estructura igual o casi igual. Pasillos de entrada con varios apartamentos a cada lado. En el número que nosotros ocupábamos, eran apartamentos y pegados a ese grupo otra igual entrada y la misma cantidad de apartamentos.
Era invierno alrededor de las nueves de la noche ç, y sentimos ruidos en la puerta de entrada.
Me acerque a la puerta y observe con una mirilla que esta tenia, la cabeza de una persona cubierta por un gorro que trataba indudablemente de abrir la puerta con algunas llaves.
La posición algo alta en que estaba encorvada la mirilla y de la persona que estaba algo inclinada no me permitía ver su cara.
Ya bastante preocupado tomé un palo de buenas dimensiones y abrí con la otra mano, y de golpe la puerta.
Al ver la cara de asombro y reconocimiento que presentaba el hombre que tenia adelante entendí antes que en lo explicara lo que sucedía. Este señor de cierta edad vivía en el apartamento 2 pero del pasillo continuo. Pedidas las disculpas correspondientes reímos los dos.
Walter Bessio “Abuelo de Belén Domínguez”
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