Nombre: Milton Santiago Cabeza Cora
Fecha de Nacimiento: 08 de julio de 1945
GRAN SUSTO
“…cuando tenía 15 años vivía en la ciudad, pero mis abuelos y mis tíos vivían en el campo (Rincón de Albano – San José) donde iba a visitarlos. Yo era muy miedoso. Una vez cuando tenía 17 años, fui a un boliche del lugar con un primo a tomar vermut (como se acostumbraba en la época) y a la salida regresamos caminando por un camino vecinal a la casa. De repente como a unos 100 metros de nosotros en la oscuridad de la noche, vimos cinco luces que se apagaban y se prendían en el camino, y que iban y venían. Los dos asustados, nos metimos entre los eucaliptos, en un pozo que estaba haciendo la intendencia en aquellos tiempos. Bastante asustado saqué un cuchillito de campaña que tenía en el bolsillo y me acerqué sigilosamente. Una vez que me aproximé hasta donde mi miedo me lo permitía, pude apreciar que en sí era un camionero vecino que había pinchado una rueda y la estaba cambiando. Las luces provenían de una portátil que el vecino estaba utilizando para cambiar la rueda. Cuando el vecino levantaba la portátil para alumbrase, atravesaban los agüeros que tienen la llanta por donde pasan los tornillos (cinco) donde se ajustan con las tuercas y cuando el vecino la bajaba, parecía que las luces desaparecían. Gran susto pasamos esa noche…”
MONEDITAS
“…antes, hace ya más de 50 años, mis padres acostumbraban a darme 10 centésimos donde por mi cuenta y gracias a mi glotonería, iba a un almacén cercano y me compraba dos fetas de fiambre, cortadas a cuchillo, de más o menos un centímetro de ancho, antes de llagar a la escuela, riquísimas!. Por aquellos tiempos, yo iba a una escuela de tiempo completo (de 10:00 a 15:00) teníamos recreo de una hora (desde las 12:00 hasta las 13:00) que aprovechábamos para comer. Mi madre me mandaba con dos refuerzos de mortadela con una botellita con leche. En la escuela calentaban agua en una olla y nos llamaban a todos los que llevábamos botellitas con leche para ponerlas ahí adentro y calentarlas. A mí no me gustaba mucho la leche, por ese muchas veces la tiraba a escondidas de las maestras, que más de una vez me pesaron tirándola y me pusieron en penitencia. Cuando mis padres no me daban los 10 centésimos, trataba de llevarlos a escondidas a ellos para las fetas de fiambres. Yo tenía una alcancía del Banco República, que se suponía inviolable y que aprovechaba a llenarla cuando iban visitas a casa. Como me creía muy inteligente y no podía sacar las monedas sin que mis padres se enteraran, me las ingenié con un alambrecito para después de mucha paciencia, sacar las de 10 centésimos donde cuando podía sacar una de 20, me sentía como si tuviera el almacén en mis manos…”
Karen Costa
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