lunes, 26 de septiembre de 2011

Las mujeres podrán votar en Arabia Saudí


Aunque muy lentamente, algo parece que empieza a moverse en Arabia Saudí, uno de los regímenes más conservadores del mundo.
El rey Abdalá ha anunciado que permitirá la inclusión de mujeres en el Consejo de la Shura y su participación en las elecciones municipales de dentro de cuatro años, tanto en calidad de votantes como de candidatas.
El monarca dio a conocer la inesperada decisión en un discurso ante el mencionado Consejo, una especie de Parlamento que carece de poderes legislativos y a cuyos miembros elige personalmente.
"Todo el mundo sabe que la mujer musulmana en nuestra historia islámica ha tenido posiciones que no pueden ser marginadas, tanto como por su buena opinión como por su buena consulta, desde la era del profeta", afirmó el monarca.
Las nuevas disposiciones del rey no afectarán a los comicios municipales del próximo jueves, en los que las mujeres no participarán, al igual que en los de 2005, los primeros celebrados en el país. Estas elecciones son por ahora la única cita de los saudíes con las urnas en un régimen que se rige por una estricta lectura de la Sharia o ley islámica suní.
La noticia cogió por sorpresa a muchas de las mujeres que luchan desde hace años para reivindicar sus derechos, que la recibieron como un importante primer paso para normalizar su situación.
Presión creciente
La presión de las activistas ha ido en aumento en los últimos meses, sobre todo desde el estallido de las revueltas prodemocráticas de la Primavera árabe. Otro importante factor en la creciente influencia de estos grupos es el uso de las redes sociales para coordinar sus campañas.
Las mujeres saudíes se encuentran actualmente inmersas en causas como conseguir que las dejen conducir o viajar sin tener que ir acompañadas de un hombre. Algunos analistas aseguran que el rey Abdalá tiene una agenda reformista, pero que el enorme peso de los clérigos y de los miembros más conservadores de la familia real obstaculizan avances en materia de libertades.
En este sentido, un grupo de unos 60 intelectuales  pidieron el boicot a las elecciones de este jueves por el limitado poder que ostentarán los cargos que se eligen.  Al contrario que en Egipto, Libia o Siria, EE UU no ha apoyado las revueltas en el reino saudí -un aliado estratégico clave de Washington-, lo que muchos consideran un doble rasero.

La NASA: «Puede que nunca sepamos dónde cayó el satélite UARS»

Los científicos de la agencia espacial no saben el punto exacto donde entró el satélite a la atmósfera ni donde están sus restos.


El satélite UARS, que impactó en la Tierra el pasado sábado, ha dejado un estela de misterio, ya que, hasta ahora, nadie sabe en qué punto exacto han caído sus restos.
La NASA cree que los escombros terminaron en el oceáno Pacífico, pero no se conoce la hora exacta en la que el satélite, del tamaño de un autobús, entró en la atmósfera y la ubicación de sus restos no ha podido determinarse todavía, informa Ap.
El UARS puso fin a 20 años en órbita con una zambullida suicida en la atmósfera en algún momento entre las 5.23 am y las 7.09 am hora española peninsular. Alrededor de 26 piezas, la mayor de las cuales se calcula que pesaba 150 kg, sobrevivió. Mientras caía a la Tierra, pasó por la costa oriental de África, sobre el Océano Índico, el Océano Pacífico, cruzó el norte de Canadá y el norte del Océano Atlántico hacia algún punto en el África occidental.
«Como no sabemos dónde está el punto de reentrada, tampoco sabemos dónde cayeron los escombros exactamente», asegura Nicholas Johnson, jefe científico de desechos orbitales en el Centro Johnson de la NASA en Houston. «Puede que nosotros nunca lo sepamos», advierte.

Afortunadamente, nadie ha resultado herido por la caída del satélite. La posibilidad de que alguien se viera afectado por los escombros era de 1 de 3.200, según dijo la NASA. «El riesgo para la seguridad pública es muy remota», aseguraron. El satélite sobrevoló la mayor parte del planeta, viajando entre 57 grados al norte y 57 grados al sur del ecuador. El UARS era una de las cerca de 20.000 piezas de desechos espaciales en órbita alrededor de la Tierra.